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jueves, septiembre 22, 2005
Cuando la miro a los ojos
Aquello que su mirada ilumina
La vida de ese ángel encumbrado
Bella es su risa que me embriaga
Yo intentando poesía, ¿quién diría?
Maldito Duende -
jueves, septiembre 22, 2005
viernes, septiembre 16, 2005
Con los dedos
Dark Rusa -
viernes, septiembre 16, 2005
martes, septiembre 13, 2005
Ambar -
martes, septiembre 13, 2005
miércoles, septiembre 07, 2005
Maldito Duende -
miércoles, septiembre 07, 2005
domingo, septiembre 04, 2005
Ambar -
domingo, septiembre 04, 2005
jueves, septiembre 01, 2005
Dark Rusa -
jueves, septiembre 01, 2005
jueves, agosto 25, 2005
gons -
jueves, agosto 25, 2005
miércoles, agosto 24, 2005
gons -
miércoles, agosto 24, 2005
lunes, agosto 22, 2005
Bienvenida
Arte en Colaboración -
lunes, agosto 22, 2005
Cuando...
Maldito Duende -
lunes, agosto 22, 2005
Quería contar sus días con los dedos de una mano. Las culpas atormentaban cada instante de su insignificante vida.
Un solo estallido más y su corteza cerebral se destrozaría, resquebrajándose como un vidrio y luego cayendo en pedazos de algún tipo de carne, porciones sangrientas a las cuales aves de rapiña, perros muertos de hambre, y algún que otro gato con menú exquisito atacarían sin pudor.
Tan solo eso, y no sufriría más: las esperas interminables, el frio, las ansiedades dignas de camisas de fuerza y los sentimientos enfurecidamente indomables en todos los sentidos?acabarían?
Vestía unos jeans gastados, un pulóver verde y zapatillas, el cabello recogido y la mirada perdida.
Nunca supo de este final, lo percibió con perfumes agradables y una sensación de bienestar digna de compararse a un abrazo tuyo.
El barrio nunca fue igual.
Cuando te perdí,
el monstruo erguido de la desesperación,
con mi feliz e inerte cadáver en sus fauces,
hizo crujir lentamente,
los huesos de mi alma en su mandíbula,
sentí correr tibia,
la sangre por mi cuerpo.
Se desdibujaron tus ojos.
Colapsaron mis defensas razonables.
Se desmayaron mis sentimientos,
y un reprimido salto al vacío,
me sacudió entre vértigos y naúseas.
No tuve fuerzas para escapar del monstruo,
y su estómago se convirtió en mi casa...
Y mientras mi carne va deshaciéndose dentro suyo,
mi cuerpo desfigurado se acostumbra a no sentir,
y solo vibra a veces,
cuando confundido cree reencontrar tus manos.
Y cada noche...
cuando el silencio aturde,
siento el grito bajar de su garganta,
y en una gutural carcajada de regocijo,
una y otra vez me repite:
¡Has muerto!
En el Castillo de la Desazón yace su cuerpo a la intemperie de un día lluvioso. Tenía el corazón destrozado y los ojos bien abiertos hacia el cielo, recibiendo la lluvia que en el resto del planeta no existía. Llovía por y para él. Al menos lo hacía en su alma, la lluvia era tangible, se le hacía carne en la piel y sus sentidos se perdían y se ahogaban en ella.
Ella estaba lejos y le había escondido, quizás sin quererlo, toda esperanza en el bolsillo. Él sabía que estaba guardada ahí pero por más que buscó, por algún artilugio del destino, el bolsillo se había cerrado.
Su mano tanteaba el suelo y, aunque la oscuridad la cegaba, no paraba de buscar el amor perdido ¿Por qué se había ido? ¿Qué la había impulsado a huir? ¿Cómo lo había dejado sin avisarle? ¿Cuándo volvería a verla?
Hacía mucho tiempo que convivía con estas preguntas y nunca jamás halló las respuestas. Pasaron tres años de su partida y él intentó compartir ese tiempo con la resignación de no tenerla que, caprichosa y empecinada, no llegó ni tarde. La vida se le tornó insoportable sin su compañía, sin su mate y su beso a la mañana, sin su piel durante las noches para compartir el amor.
Por más que intentó salir adelante, la herida en su corazón no cerraba. El amor junto a su compañera, gran compañero de batallas perdidas, lo abandonó y se convirtió en un perfecto extraño. Se estaba dejando vencer y había decidido no luchar más.
En ese castillo que se desmoronaba junto con su alma, yacía su cuerpo bajo un sol lluvioso. El viento le trajo en un susurro lo que él tanto quería escuchar: "Ve con ella que te espera".
Se dejó caer, estaba vencido. Sintió dolor al momento de aquella rebanada de aire en sus muñecas. El cuchillo, filoso y dulcemente certero, yacía a unos centímetros de su mano. Su alma comenzaba a abandonar su cuerpo.
Una escalera larga y de peldaños eternos, se anteponía entre él y la mujer que tanto amó en vida. Sabía que al final de ella se encontraba su tan extrañada amada. No se resistió a avanzar.
Mientras su cuerpo se convulsionaba, su alma se hacía más grande ante la mágica presencia de lo que tanto extrañaba. Al final de aquel camino estaba ella. La incandescencia de sus ojos y la amplitud de su sonrisa lo aguardaban para volver a poseerlo. Cuando estuvieron frente a frente, ella lo tomó las manos y sanando las heridas de sus muñecas le dijo: Acá no hay nada que nos lastime. Acá estamos vos, yo y la inmensidad de nuestro amor.
Al mismo tiempo, en aquel viejo y casi desmoronado castillo, su cuerpo exhalaba su último aliento.
Unos días más tarde la policía encontró el cuerpo de un hombre en un departamento de la zona de San Telmo junto con una carta que decía
"Me voy de este castillo detrás de mi amada".
El cuerpo de aquel hombre, curiosamente, tenía grabada una sonrisa muy grande.
Flotando
Entre la etérea incandescencia del tiempo.
¡Sábeme viva!
Rescátame, en el viento que roza tu mejilla.
¡Sálvame!
De la frase hecha,
de la escalera de peldaños oxidados,
de la esperanza paralizada en un recuerdo.
No me perdones, estática en mi oscuridad impuesta.
¡Sacúdeme!
Libera mi sangre ansiosa de tu cuerpo,
que tu mano invente un puente
en la amplitud de este vacío y me rescate.
¡Llévame al fin del dolor o mátame!
Haz tan profunda la herida que ya no pueda curarse.
Llévate mis palabras junto a mis silencios,
como una rebanada jugosa de mi propia carne.
Extraño ser que justifica mis días y mis noches
Sálvame.
Ámame.
Mátame.
Corrige las sinrazones de mi alma con tu presencia,
ahuyenta a los fantasmas asesinos de sueños con tu boca.
Alimenta a mi lado la fantástica realidad de estar vivos,
propongamos al mundo,
la teoría de la felicidad,
estando juntos.
Por qué no me hablás de aquel secreto que desde niños mantuvo despierta mi mente, fantaseando con algún viento de cambio en tu pensar, en mi pesar, ese secreto que en la oscuridad de mi mente supo ser una orgía de sentimientos paradójicos; y vos me preguntás por qué, después de estos largos años sin vernos, me interrogás como si fueras un extraño y, en mi imaginación, sos el anónimo conocido que espero, la persona que puede sobrevolar mi ser y sentir mi respiración, rozar con su mano las heridas más profundas y transformarlas en piel nuevamente, regenerarme.
¡Suerte! Y adelante con el desafío.
Tres de la mañana en el reloj de pared. La ilusión de que la esperanza es lo último que se pierde, ya estaba perdida. Ya no más perdón. Ya no más bajar las escaleras. Ya no más rebanadas de amor a cambio de estirar un minuto hasta volverlo una eternidad. Ya no más. Tres y cuarto de la mañana de un martes común y pordiosero, en cualquier lugar de la ciudad y él, ya no está aquí.
El amor no es para cualquiera. Esperar a que éste golpee la puerta tampoco. No se puede vivir del recuerdo eternamente.
Esto pretende ser un blog en el cual cuatro maestros y un delirante, desean aprender algo más de lo que es el maravilloso mundo de la escritura. Funcionará como un taller literario en el cual el coordinador es el Señor Gons. El taller, por supuesto es abierto a las opiniones y a las sugerencias de todo aquel que se atreva a pasar por acá.
Los Maestros: Lorena, Tamara, Seamus y Gons.
El delirante repartiendo agua: Fernando
Para ir amenizando esto un poco, les dejo el primer texto. Lo hago yo porque después de que los lean a estos individuos estoy en el horno.
BESOS Y ABRAZOS
... creas que la hipocresía invade mi boca. Devuélveme una bofetada que me ubique en mi lugar devolviéndome la sinceridad.
... veas que la omnipotencia se adueña de mi alma. Recuérdame lo frágil que soy y explícame que yo solo no puedo con todo.
... el maltrato gane mi conciencia. Bríndame un beso.
... el rencor se apodere de mi ser. Exorcízame con una risa y revive en mi mente los buenos momentos vividos con y por, el motivo de mi rencor.
... la tristeza pinte mi alegría. Obséquiame tu palabra susurrante en mi oído junto con la mentira más bella del mundo y dime que: Todo va a estar bien.
... me veas paralizado. Grítame fuerte que me abandonas y correré a buscarte.
... la enfermedad del mundo quiera tomarte por asalto. Dame en un gesto todo tu brillo.
... la ceguera impuesta por el desvarío no me permita ver. Sé mis ojos y explícame la belleza que la distracción no me permite ver.
... veas a la impotencia presente en mi cuerpo. Desátame las manos con un soplido de tu alma.
... la incompetencia pretenda mostrarme su competente idoneidad. Demuéstrame que no es tan malo volver a empezar, llévame al punto de partida y arranca junto a mí cuando la luz esté verde.
... el desamor y la decepción pretendan mi cabeza. Háblame de mi corazón y del tuyo.
... el negro. Revoléame un rojo.
... un gris. Escúpeme un amarillo.
... me quede sólo un peón. Hazme saber que eres mi Dama.
... el alquitrán y la nicotina del gran cigarro que es este mundo opaquen mis pulmones. Corporízate en mi eclipse, encandílame.
... el miedo me inmovilice. Párate al lado mío y camina de mi mano.
... la sombra carcoma mi esperanza. Ilumíname con tus ojos en dirección contraria a la luz que la proyecta.
... la muerte venga por mí. Prométeme que vas a intentar ser feliz, ya que si llegas a estar en el momento de mi muerte junto a mí, moriré siendo muy feliz.
Del mismo modo yo: te regalaré mi caricia Te devolveré una bofetada en el momento justo. Te recordaré que somos frágiles y que si no estamos juntos no podemos con todo. Te brindaré un beso. Te exorcizaré con mi sonrisa para recordarte los buenos momentos. Te devolveré en un susurro que: Todo va a estar bien. Te gritaré fuerte mi abandono para que me sigas. Te obsequiaré en un gesto mi humilde brillo. Te recordaré aquel momento en el cual, llorando, nos dijimos que nos amábamos. Seré tus ojos y te contaré de lo bello que es este mundo con una habitante como vos. Te desataré las manos. Te llevaré al punto de partida para que arranquemos juntos. Te hablaré de nuestros corazones. Te daré rojos, amarillos, verdes y violetas. Seré tu Rey si me dejas. Te encandilaré. Caminaré de tu mano. Dispararé luz en contra de la que provoca tu sombra. Y en cuanto a la muerte... como dijo algún poeta por ahí y, sin temerle al egoísmo que pensando en ese momento me invade, ojalá mueras vos antes, ya que de esa manera no tendrás que volver sola a casa. La soledad, por favor, déjala para mí.
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